Antes de que marcharan
Una lectura de la Marcha de la Conquista.
El otro día apareció una grabación inédita de la Marcha de la conquista de Les Luthiers. Se trata de la versión en el teatro Coliseo en el año de su estreno, 1981. Es la tercera grabación que me entero que circula, las otras son la del disco de 1983 y el video de Colombia también en 1981. Por lo que estuve disfrutando y con esa marcha en la cabeza desde hace un par de semanas.
No voy a hacer una descripción pormenorizada, directamente escúchenla, para eso hay tres links. Pero sí quiero detenerme en las circunstancias de su estreno.
Es de público conocimiento que, en 1981, Argentina vivía bajo el yugo de una dictadura militar sangrienta desde hacía cinco años. No era la primera, era algo común que los militares decidieran usar la fuerza para salvar al país del enemigo más peligroso: su electorado.
A lo que voy es que existía la costumbre. El lenguaje y las formas militares formaban parte de la vida pública, eran bien visibles y muy frecuentemente esas formas eran el estilo comunicacional que emanaba desde el poder.
Como crecí en los ‘80, esas formas me son muy extrañas. En la primaria nos enseñaron el himno nacional, pero no la marcha Aurora, ni la de Sarmiento, ni la de San Martín. Sólo nos hacían cantar la de Belgrano, aquella donde con valor sus vínculos rompió. Por alguna razón decidieron que todos los días a las ocho de la mañana debíamos cantar eso en forma letárgica. Con el tiempo empecé a llegar tarde para evitarlo: no era mejor que dormir.
Tampoco hice el servicio militar. De hecho, la idea de hacerlo me era totalmente ajena, no podía concebir que eso fuera a tocarme, y finalmente unos años antes cambió la ley y la conscripción dejó de ser obligatoria.
(Por cierto, en Inglaterra el servicio militar dejó de ser obligatorio a fines de la década del ’50. Eso permitió que los cuatro Beatles estuvieran disponibles para ser Beatles en lugar de pasarse 1963 en el ejército. Si esa decisión se demoraba unos meses, la vida de todos nosotros sería distinta.)
Para los adultos de 1981, la estética militar era parte de la vida cotidiana. Eso no significa que les pareciera bien, o linda, o un ejemplo a seguir. Pero era un código compartido, con el que tarde o temprano podemos divertirnos.
Uno pensaría que es peligroso burlarse de las formas militares bajo una dictadura. Sin embargo, Les Luthiers no sólo lo hicieron, sino que abrían el espectáculo con eso. Y tampoco era la primera vez que abrevaban de ese pozo.
¿Fue un acto de coraje? Tal vez, pero ellos no comían vidrio. No iban a inmolarse en lo que podía ser percibido como un acto de rebeldía. Una vez vi una entrevista donde les preguntaban si esa dictadura los censuró, y López Puccio habló de autocensura, y contó que se le había ocurrido El valor de la unidad en esos años y pensó que no iba a ser posible (estuvo en el primer show estrenado luego de esa dictadura).
Quiere decir que tenían en cuenta esas cosas, y sin embargo les pareció bien hacer una marcha en la que un militar usa las formas castrenses para seducir a una señorita. Quién sabe, tal vez la sucesión de presidentes militares hizo visibles a sus esposas como primeras damas, y tarde o temprano uno piensa cómo es posible que un tipo así haya tenido ternura en algún momento.
Tal vez Les Luthiers, que tenían prestigio y por más teatros que llenaran eran menos masivos que gente de la televisión, pudieran darse el lujo de reírse de eso, y para otros artistas fuera más complicado. Y sabemos que ya para 1981 los militares tenían preocupaciones más grandes que lo que pasaba en el escenario del Coliseo, porque se les venía abajo la economía que habían manejado igual o peor que cualquier gobierno populista.
Es común pensar que la guerra de las Malvinas, al año siguiente, fue un intento para tomar la iniciativa y ganar popularidad ante la crisis económica. Es posible, y sólo podía salir mal. No sólo por la derrota militar innecesaria, sino porque la fuerza del mercado es más potentes que cualquier ejército, y si las cosas andan mal se barre con cualquier consenso que pueda tener una dictadura, para afuera y para adentro.
Sin conocer bien los entretelones de esa dictadura, mi entendimiento es que Videla cumplió su “mandato” de cinco años y le dejó la presidencia a Viola, que fue depuesto luego de unos meses y apareció Galtieri. Es decir que las internas militares tenían un papel importante, más allá de quién se supone que mandaba.
Después de la guerra, entonces, anunciaron elecciones y empezaron a aparecer en la cultura cosas que unos años antes no habrían estado permitidas, o no se habrían animado a hacer. Uno pensaría que la Marcha de la conquista es de ese período, sin embargo es de antes, y eso es lo interesante.
Ese timing me hace pensar que el consenso social de los militares ya venía en baja permanente, sin necesidad de la guerra. Que, aun sin conocerse bien los horrores de esa dictadura, ya había un cansancio y la espera de algo distinto. Que llega un punto en el que no nos podemos tomar en serio las formas militares. Que el lugar de esas formas es en los cuarteles, no en la vida pública diaria.
Hay clara inspiración en las figuras del régimen. Un día vi, por alguna razón, el discurso de Videla en la apertura del mundial ’78 y me sorprendió encontrarme con la cadencia que usa López Puccio al encarnar al general Eutanasio Rodríguez en el Acto en Banania. Del mismo modo, la arenga de Mundstock al principio de la grabación de la Marcha de la conquista imita claramente a Galtieri, y no es casualidad que eso pasa recién en el disco de 1983.
Es porque, incluso en dictaduras, la vida sigue, las cosas decantan, los consensos van y vienen y existe algún grado de libertad. Los cambios sociales se pueden demorar pero no detener: signos de ellos aparecerán en cualquier resquicio que pueda existir. Y siempre hay resquicios.
Los artistas que quieren expresar su desacuerdo con regímenes autoritarios tienen que esconder su mensaje en formas poéticas, esperando que las autoridades no capten lo que quieren decir. Ese hecho implica que las consideran brutas o, como mínimo, indiferentes. La censura puede ir tras las formas, tras determinadas palabras, los mensajes siempre tienen alguna forma de llegar.
Las dictaduras que más han perdurado necesitan cerrarse muchísimo, recurrir a formas mucho más extremas de violencia y amenaza, difíciles de sostener a largo plazo, aprovechar geografías que favorecen el aislamiento, incluso generar aperturas parciales que mejoren la calidad de vida. Pero igual no consiguen matar del todo la pulsión de libertad. A la larga, aunque sea muy larga, siempre llevan las de perder.
Esta canción de Les Luthiers, aun en dictadura, no necesita esconderse. Es probablemente igual a como habría sido tiempo después (de hecho con la apertura de 1983 no la cambiaron). Porque se trata de las formas, de lo que Les Luthiers sabían hacer: juntar dos universos que no tienen nada que ver (el amor y lo castrense) y hacerlos congeniar, o por lo menos hacernos reír con el emparejamiento.
El mensaje, si queremos leerlo, está en el subtexto, o en la existencia misma de la canción. No sé cuándo se les ocurrió, para mí tiene sentido que sea de esa época y no de, por ejemplo, 1977, porque por un lado había menos tiempo de dictadura encima, por otro el consenso social era distinto, y por otro más, tal vez en ese año habrían sido censurados/perseguidos o directamente no se habrían animado.
La Marcha de la conquista es, además de todo lo demás, un testimonio de que, antes de la guerra de las Malvinas, ya era posible poner a los militares en un lugar jocoso y reírse de la desubicación de sus formas. Gracias, muchachos.
El rincón de las novedades:
No sé si se enteraron de que se está jugando el mundial de fútbol. El podcast Vuelta de Página, donde hablamos de revistas, no puede ignorarlo y durante ese evento se ocupará de coberturas de acontecimientos mundialísticos del pasado impreso. Alternaremos victorias y derrotas, y arrancamos con el triunfo por penales de Argentina ante Italia en 1990. La semana que viene nos ocuparemos de la derrota de Argentina ante Colombia que casi la deja afuera del mundial ‘94, a través de la cobertura de Goles.
No dejen de escuchar el programa de la semana pasada sobre Playboy, que salió muy lindo. Algunas plataformas lo han tomado por explícito, probablemente por la foto de portada de la nieta de Raimundo Orsi, pero no se asusten, no lo es.
En algunos días, al finalizar la fase de grupos, terminaremos nuestra trilogía teórica del mundial de fútbol masculino con un texto sobre las definiciones por penales que dejará pasmado al mismísimo Macaya Márquez.




