El otro Attenborough
El centenario del mejor de todos nosotros.
David Attenborough está cumpliendo cien años y me cuesta seguirle el ritmo. Sigue haciendo varios documentales por año, y no hay un lugar central donde verlos. Sigue narrando con su magnífica voz, que transmite amor y pasión por lo que muestra. Cuando veo un documental sobre animales que no narra él, lo siento incompleto.
Porque su voz es más que esa voz. Se oye en distintos programas. Algunos están escritos por él y está claro que él estuvo a cargo de todo. En otros recibe el crédito de “narrado por”, y sólo se escucha su voz. No necesariamente decidió de qué se tratan. Pero sospecho que siempre mete mano en el guión, porque su estilo es bien concreto.
Explica lo que vemos, nos informa lo que no vemos lo que no vemos, y nos pone en contexto. Es lo que tiene que hacer la narración de un documental: dirigir nuestra vista a lo que se quiere mostrar. Lo hace sin disputar protagonismo, incluso cuando aparece en cuadro es para mostrarnos algo.
También evita muchos vicios de otros narradores. Por ejemplo, no le pone nombre de fantasía a los animales individuales, porque los animales salvajes no tienen nombre. No sólo los elefantes no saben que son elefantes, además de eso ninguno se hace llamar Roberto.
Después de muchos años de disfrutar y coleccionar sus ciclos, quiero compartir con ustedes algunas cosas que he observado, que no necesariamente saltan a simple vista.
Si bien su voz sigue apareciendo, no sabemos cuánto de los documentales es obra suya. Está muy claro que hay equipos de realizadores que hacen las tomas de animales salvajes que vemos constantemente, y es razonable asumir que si Attenborough no sale en cámara significa que no estuvo ahí. Pero no sabemos si tiene injerencia en decidir dónde se va, de qué se va a tratar un programa en particular. Probablemente exista todo un rango de casos.
En enero salió un programa, Wild London, donde aparece todo el tiempo en cámara y muestra la fauna que se puede encontrar en Londres. Ahí se sigue tirando al piso para estar a la altura de lo que muestra, como hizo siempre. Ése es claramente un proyecto propio, o que hizo propio. Y creo haber leído en algún lado que actualmente, en atención a su edad, le cuesta conseguir fondos para proyectos largos. Ha hecho, entonces, unos cuantos especiales de un capítulo o dos que tratan temas específicos.
Creo que él sabe lo que se lo quiere, y no sé qué tan cómodo está. El tipo apareció en cámara por accidente, en los ’50, cuando se enfermó el zoólogo que debía conducir el programa que él dirigía para la BBC. Y cuenta que encontró que estar en cámara le daba poder, le permitía tener más libertad en sus proyectos. Los demás, por su parte, encontraron que tenerlo de narrador agregaba placer.
Entonces lo queremos. Y cuando hace alguna presentación recibe el cariño del público. Lo deben tratar como a una leyenda, porque lo es. Sospecho que, si bien lo disfruta, no le gusta del todo. Desde hace no menos de veinte años aparece consistentemente al final de cada documental un segmento de making of, donde muestra los esfuerzos que tuvo que hacer el equipo de producción para lograr las tomas extraordinarias que se ven.
Ahí no hay autobombo, no hay “miren lo que se me ocurrió”, siempre habla de los desafíos del equipo en tercera persona, porque si bien arrancó filmando él, debe hacer muchísimos años que no se encarga personalmente. El nivel técnico creció muchísimo, y una de las claves de hacer algo bueno es dejar que las cosas sean hechas por los que saben.
Porque es un tipo que conoce muy bien la televisión. Entró a la BBC en 1952, y era parte de un puñado de personas que producían todos los programas, que iban en vivo. Con el tiempo fue ascendiendo, hasta que en los ’60 quedó a cargo del segundo canal de la BBC, donde le tocó manejar la transición hacia el color, fue el primer canal en transmitir en colores fuera de Estados Unidos.
Como era quien decidía la programación, eligió aprovechar el color. Transmitió programas que en blanco y negro no tenían sentido. Y como parte de eso, encargó la serie Civilisation. Se trata de trece programas en los que un profesor prestigioso explica la historia del arte europeo, y a través de esa narrativa aprovecha para mostrar las grandes obras del continente.
Ése y otros programas forjaron el estilo de documental de la BBC, en el que una voz cuenta lo que vemos en imágenes y hay una narración por un lado subjetiva que parece omnisciente. Desde entonces es la forma clásica de un documental, hay innumerables, y es tan reconocible que ha sido parodiada muchísimas veces.
Una de estas series, The Ascent of Man (que es magnífica, recomiendo fervientemente que la busquen y la miren), impresionó tanto a Carl Sagan que quiso hacer una. Se asoció con el mismo productor y crearon Cosmos. Les puede haber llamado la atención que en Cosmos haya un capítulo sobre Kepler y no haya uno sobre Galileo. La razón es simple: el de Galileo está en The Ascent of Man.
Cuando en mi carrera de cine cursé la materia de documental, el profesor, que no se ganó mi respeto, menospreciaba el estilo de la BBC. Nos mostraba películas donde jugaban con el formato, donde experimentaban con formas narrativas, nos daba consignas para hacer exactamente las cosas innovadoras que nos decía.
Innovar está muy bien, pero hay una razón por la que el estilo de la BBC es tan efectivo. Es la forma más directa de hacer un ensayo en forma audiovisual. Es muy flexible, porque permite contar la historia y dejar que se desarrolle. No hace falta que la forma se imponga sobre el contenido. Y si el contenido pide una forma innovadora, nadie se opone a hacerla.
Attenborough no es rupturista en las formas. Es alguien que se maneja bien dentro de las instituciones. Es rupturista en los márgenes, innova sin que parezca que innova, no llama la atención sobre eso. Es incrementalista, no revolucionario. Una vez vi esta charla que dio junto al príncipe Philip y quedé impresionado por su habilidad de usar las instituciones que existen, incluso las anacrónicas como la realeza, para difundir lo que es necesario hacer y tener influencia para maximizar las chances de que pasen. Y para que funcionen no deben ser grandilocuentes sino de bajo nivel y sostenibles.
Con el tiempo, una de las instituciones que supo manejar es su propia autoridad. Es muy claro que no le gusta bajar línea, pero llegó un momento en el que le pareció insuficiente mostrar el mundo natural y no decir nada respecto de la destrucción que produce el ser humano. Entonces también muestra eso, habla sobre los peligros que existen y se suele enfocar en soluciones concretas, al alcance de gente sin tener que esperar que las autoridades se decidan a hacer algo.
Aun cuando las formas puedan ser conservadoras, lo importante es lo que se dice. En la institución que maneja, la televisión, y el formato que habita, Attenborough siempre fue un maestro de la innovación. Sus series arrancaron con una cámara de 16mm que permitía tomas de no más de cuarenta segundos, y en las décadas siguientes usó todos los adelantos técnicas que aparecieron, al servicio de lo que quería mostrar.
Ha usado cámaras de seguridad con detectores de movimiento para mostrar serpientes cazando, time-lapse para mostrar la vida de las plantas, cámaras térmicas para ver el metabolismo de los reptiles, sensores de color para los animales que brillan en la oscuridad, microcámaras para mostrar el mundo de los insectos, animación integrada para retroceder en el tiempo, instrumentos de endoscopía para penetrar en cuevas de ornitorrincos, toda clase de invenciones para filmar en detalle desde el aire sin alterar las escenas. Cuando alguna invención hace posible filmar cosas que antes estaban fuera del alcance, siempre aparece Attenborough para mostrarnos.
Attenborough respeta a la audiencia, no malgasta nuestro tiempo. Siempre busca cosas que no se hayan visto, o formas nuevas de mostrar. No aparece por aparecer, sino con un propósito. Muestra los adelantos técnicos como un medio para ver lo que no conocíamos, y en algunos casos lo que se desconocía hasta que lo filmaron.
El contenido narrativo suele repetirse, porque la naturaleza es así: tenemos animales que cazan a otros, los rituales y esfuerzos que hacen para procrear, las dificultades para sobrevivir a situaciones extremas. Pero hay tal variedad en estos grandes temas que no molesta. En general, cuando vemos un animal que ya vimos, lo más probable es que se los trate de alguna forma nueva, nos muestre alguna conducta que no conocíamos, o algún aspecto no descubierto hasta hace poco.
También tiene humor. No lo subraya, pero está, en pequeños comentarios o ironías que aparecen, y que nunca distraen de lo que pasa. No se burla de los animales, pero cuando hay situaciones graciosas no tenemos por qué privarnos de ellas. Lo he visto en entrevistas en esos programas de late night, y mi sospecha es que el tipo se ríe todo el tiempo, del mismo modo que sospecho que Paul McCartney no puede ver un piano sin tocar Lady Madonna.
Sospecho también que es muy exigente, que busca a los mejores y no se conforma con cualquier cosa. Sabe reconocer el oficio y tiene ambiciones de ir a buscar lo que hasta ahora no ha logrado hacer.
Sobre todo, se nota que disfruta. Cuando lo vemos en contacto con animales o plantas se lo ve chocho, cuando narra su voz transmite amor. En Jurassic Park hay una escena en la que un velociraptor sale de su huevo en presencia del dueño de la empresa, que no es otro que Richard Attenborough, el hermano de David, que lo canaliza al mostrar su excitación y ternura ante el reptil naciente. Quién sabe, tal vez Spielberg pensaba en esa escena cuando lo contrató.
El disfrute que transmite Attenborough tiene también un trasfondo: no se suponía que fuera a hacer eso. Él había entrado a la BBC luego de estudiar biología en la universidad. Había hecho carrera durante más de veinte años, al punto que llegó a estar a cargo de ambos canales. Cada tanto se daba el gusto de hacer algún programa, pero llegó un momento en el que no quiso saber más nada con los puestos administrativos.
El momento llegó cuando le estaban por ofrecer ser el capo máximo de la BBC. Y eligió en cambio renunciar para dedicarse a hacer sus documentales, que prontamente le vendió a la BBC y a muchos otros canales del mundo, incluso en los últimos años hay varios para Netflix y compañía.
A la gente muy mayor siempre les preguntan el secreto de su longevidad, como si se pudiera saber. En el caso de Attenborough, tal vez el secreto sea simple: tuvo el coraje de hacer siempre lo que le gustó hacer.






