Otro deporte
Cómo ganar sin haber ganado
Qué tal, queridos amigos. Espero que estén disfrutando el mundial. Como suponíamos, se hace maratónico. Me pasa que no me acuerdo en qué partido pasó algo que vi, o quién jugó con quién, o quiénes son los otros de un grupo. Puede ser que esté grande, pero apuesto a que es porque el mundial está grande.
Felizmente, al momento de escribir esto no se han producido grandes actos de mediocridad en la fase de grupos. En general no han especulado con la posibilidad de pasar fácilmente como mejor tercero, y aunque alguno que otro se puede haber conformado, no parece que hayamos tenido muchos empates de pacto tácito. Eso no significa que los incentivos para hacerlo no existan. La primera vez que se usó este formato, en 1986, no se especuló mucho, pero para la segunda habían aprendido y la mediocridad del ’90 se debe en gran medida a que sabían que se podía pasar con poquito.
Hoy, por fin, empieza la fase eliminatoria, en la que no hay lugar para especulaciones. Serán cinco rondas, 32 partidos. En este mundial pasar el grupo es quedar entre los mejores 32, equivale a clasificar a un mundial anterior. Pasar esa ronda de 32 equivale a pasar el grupo en esos otros mundiales. Cuando se arranca de más atrás se tarda en llegar a desde donde antes se partía.
A partir de hoy, el que gana sigue y el que pierde queda afuera. Así que no hay que pensar en otros partidos, hay que ganar sí o sí el que se juega, todos dependen de sí mismos. Ganás o te volvés. No hay margen para otra cosa.
Salvo por un detalle. Hay una forma de pasar de ronda sin ganar: la definición por penales.
El primer comentario a hacer es que el IFAB, organismo encargado de administrar las reglas del fútbol, se rindió ante la costumbre y aceptó que sea llamada “definición por penales”. Así que a quien venga con el cuento de que en realidad se llaman “tiros desde el punto del penal” lo podemos putear por pedante y también por desactualizado. De cualquier modo, no digan “olimpíadas”, ignorantes.
Cuando hay estas definiciones, el debate siempre es el mismo: ¿son una lotería? Siempre se usa la palabra lotería, lo que debe referir a algún uso primigenio que desconozco. El asunto es si define el azar. Y hay largas horas de debates en los que se defienden dos posiciones antagónicas: sí y no. Tal vez se llega a una conclusión pero en la siguiente oportunidad se vuelve a discutir en términos idénticos.
Es un debate falso, porque la respuesta a la pregunta es clara. Los penales son una competencia entre dos equipos, que tienen el mismo objetivo, con estrategias, planificación, templanza, habilidad y también suerte. Pero no es pura suerte. Está muy claro que no es una lotería. Y ése es el problema.
En los primeros mundiales, cuando (luego del alargue) se empataba un partido eliminatorio, se volvía a jugar. Argentina y Uruguay jugaron dos veces la final de los juegos olímpicos de Amsterdam. Italia jugó la final de 1934 con un partido más a cuestas que su rival Checoslovaquia, porque había empatado en cuartos de final con España y volvieron a jugar al día siguiente. También los checos, luego de ganarle a Argentina 6-1 en 1958, se quedaron afuera en un desempate contra Irlanda del Norte que definía la segunda posición de la zona. Es decir que en ese grupo dos de los equipos jugaron cuatro partidos, y dos veces entre ellos.
Las reglas del fútbol solían tener un apartado que indicaba que el ganador de un partido se decidía por la cantidad de goles que cada equipo hubiera convertido, y agregaba que esa es la única regla que no podía ser cambiada. Supongo que por eso los empates se volvían a jugar.
Esa solución se volvió inviable rápidamente para torneos con agendas apretadas. Porque, además, volver a jugar no garantiza que no haya un nuevo empate. Fue necesario encontrar otra salida.
Y durante varios mundiales esa salida fue el sorteo. Si el partido terminaba en empate luego del alargue, se tiraba una moneda para determinar quién pasaba a la siguiente ronda. Si la final terminaba empatada, sí se volvía a jugar.
El método de tirar la moneda sí es “una lotería”. No se puede saber quién va a ganar, hay las mismas posibilidades de ganar que de perder. Fue usado en algunos casos. El más famoso es la clasificación de 1954, en la que Turquía dejó afuera a España.
Lo que me interesa, sin embargo, es cuántas veces fue necesario usar la moneda para decidir un partido de un mundial: cero. Nunca se dio el caso. Nunca se debió recurrir al azar para declarar ganador a un equipo. No llegaron a empatar durante suficiente tiempo.
Uno de los partidos más famosos de la historia de los mundiales, que es recordado con una placa en el estadio Azteca, es la semifinal de 1970 entre Italia y Alemania. Italia ganaba durante todo el partido hasta que le empataron en tiempo de descuento. En el alargue, Alemania se puso en ventaja, Italia empató rápidamente y se puso 3-2 justo antes del pequeño descanso. En los últimos quince minutos, Alemania volvió a empatar e Italia volvió a desnivelar poco después. Ese 4-3 clasificó a Italia para la final. Alemania jugó la anterior y la siguiente.
Podemos pensar que al acercarse la posibilidad de la moneda, el partido se abrió, y ambos equipos quisieron ganarlo. No sé si es así, pero lo importante es que lo podemos pensar. Es claro que no buscaron llegar a decidir el ganador mediante el azar.
El método de la moneda se usó en cuatro mundiales (1958 a 1970). En cada uno de ellos hubo siete partidos que podrían haber sido decididos así. La muestra no es muy grande, y es razonable pensar que, de haberse continuado con ese método, tarde o temprano habría sido necesario recurrir a él. Lo que no invalida el hecho de que nunca se usó.
Después de 1970 se implementó la definición por penales. Hubo algo de evolución hasta que se llegó a lo que es hoy. En los primeros tiempos cada equipo pateaba sus cinco penales seguidos, sin alternarse. En los ’80 hubo una temporada del fútbol argentino donde se definía por penales. Días antes se hizo un ensayo en el que cada equipo pateaba a un arco distinto, es decir que había que cruzar toda la cancha para cada penal. Rápidamente corrigieron eso.
La definición por penales es una reducción del fútbol a la mínima expresión. Es un test de templanza bajo presión. De habilidad del pateador para convertir, de capacidad de reacción del arquero. Es un duelo de lectura mutua. Tiene tensión, suspenso, drama, angustia, esperanza, todo en pocos minutos. Es entretenida y emocionante.
Pero no es fútbol. Es otro deporte. El fútbol es un juego colectivo, que enfrenta a dos equipos, donde es importante entenderse entre compañeros, que tiene tácticas para la defensa y el ataque, donde los habilidosos pueden marcar diferencia en cualquier momento, y hay muchas formas de llegar al gol. Las variables son muchísimas.
Al tener menos variables, la definición por penales es un deporte que, en principio, es más fácil de controlar (yo miraría un mundial de penales, si lo incorporaran al programa olímpico sería un éxito). Si tengo un arquero que es bueno para los penales, si hago trabajo de inteligencia para conocer a los pateadores del rival, puedo pensar que tengo grandes posibilidades de ganar una definición por penales. En mi cabeza, es más probable que el 50% de la moneda.
Y ahí está el asunto. Si uno piensa que la definición es la forma más factible de ganar un partido, es lógico que juegue 120 minutos con el objetivo de no perderlo. No tiene por qué interesarle ganar.
De esta manera, si hay un equipo que piensa que no tiene muchas posibilidades de ganar un partido, siempre tiene la opción de apostar todo a defender y ganar por penales.
Al definir mediante otra disciplina, el empate pasa a ser un objetivo y se desvirtúa el juego. La idea de un partido eliminatorio, la gracia, es que ambos quieran ganar. No es que ambos tienen que salir a atacar: hay muchas tácticas posibles, el asunto es que elijan alguna para ganar, no para no perder.
Este mundial gigante duplica la cantidad de partidos en los que puede haber penales. No es descabellado que veamos más que las que se suelen ver. Y sigue estando la posibilidad de que un equipo gane el mundial sin ganar partidos eliminatorios. Argentina en 1990 pasó cuartos y semi por penales, y los buscó en la final. Croacia en 2018 fue finalista luego de pasar octavos y cuartos por penales.
También hubo tres mundiales que se decidieron por penales. Seamos honestos: puede ser todo lo emocionante que quieran, pero es una porquería. El mundial anterior implicó 865 partidos de eliminatorias más 64 del torneo final, y se definió por penales. Y por más que no fue fruto de la especulación sino de un empate legítimo, igual es triste. Hay tres campeones (Brasil, Italia y Argentina) que no ganaron el mundial de fútbol jugando al fútbol.
La FIFA vio el problema hace unos cuantos años, y buscó soluciones para reducir los penales. Pero no se les ocurrió nada superador. Implementaron el gol de oro, es decir que si un equipo hace un gol durante el alargue el partido termina ahí. O sea que se impedía que volviera a pasar lo de Italia y Alemania. Después lo suavizaron, inventaron el gol de plata, que parecía una propuesta de esa gente que piensa que la solución está siempre en el medio: si en el entretiempo del alargue había alguien en ventaja, se terminaba el partido.
Ninguna de esas soluciones prosperó por el simple hecho de que si podemos aguantar 90 minutos, por qué no vamos a poder aguantar 120. Nadie quiere recibir el gol de oro, entonces nos cuidamos más. Mejor ir a los penales, donde no sólo creemos que tenemos las cosas bajo control, sino que hay chance de recuperarse. Entonces se volvió a lo anterior.
¿Qué alternativas hay? No muchas, ninguna especialmente elegante. La razón por la que prevalecen los penales es que es la forma más rápida y práctica de desempatar. No sirve declarar ganador al que tenga más córners, o al que tenga menos tarjetas, o al que tenga más posesión o tiros al arco, o al de mejor ranking, o al de la camiseta más linda, o al que conteste más preguntas de interés general.
Tal vez la respuesta venga por otro lado. Lo que queremos no es tanto que nunca se llegue a los penales, sino que no se quiera llegar a ellos. Que el método de desempate no sea tan prometedor, y entonces sea preferible ganar el partido.
El mundial expandido en una de ésas nos abre una oportunidad: tenemos cuatro rondas eliminatorias antes de la final. Se me ocurre que se puede implementar un límite de desempates. Funcionaría así:
Si un partido termina empatado, se va a penales. Pero el ganador ya no puede ir más a penales.
Si vuelve a empatar, su rival será el ganador. O sea, se juega el partido sabiendo quién gana en caso de empate. Pero si empatan, ese ganador llegará a su límite de desempates.
Si se enfrentan dos que tienen cubierto su cupo de desempates y vuelven a empatar, se recurre a la moneda.
Esto reduciría los incentivos para buscar los penales, porque después no existe esa opción. El premio de ganar por penales no es el mismo que el de ganar el partido. Puede ocurrir, sí, que el rival de alguien que pasó por penales especule porque sabe que gana: a eso apunta que también agote sus desempates.
Se preguntarán, amigos lectores, si estoy loco. Si digo que es cualquier cosa definir una final del mundo por penales y entonces propongo elegir al campeón del mundo mediante el vuelo de una moneda. No. En la final lo haría de otra manera.
Siempre me gustó el método que propuso un muchacho inglés. En la final del mundo, que es el partido más importante de la carrera de cualquier futbolista y que se juega cada cuatro años, implementamos un gol de oro sin límite de tiempo. Es decir que el partido se juega hasta que alguien hace un gol, aunque tengan que jugar una semana.
Se puede continuar otro día si se juega más de cierto tiempo, se puede hacer pausas cada tanto, se puede habilitar más cambios, pero no hay lugar para la especulación, y entonces los equipos no tendrán alternativa que buscar el gol.
No es una solución sostenible en todas las circunstancias, pero en una final es mejor que ir a los penales como si no pasara nada. Queremos que nadie quiera llegar a eso. Que el único camino para ser campeón del mundo de fútbol sea jugar al fútbol.
El rincón de las novedades
Este es el último envío sobre teoría de los mundiales que tengo previsto. Tal vez al terminar el torneo escriba alguna conclusión sobre estos menesteres, pero no sé, puede que estemos todos hartos cuando llegue ese momento.
Seguimos ocupándonos de mundiales del pasado en el podcast de las revistas del pasado. Esta semana examinamos cómo Goles trató la derrota de Argentina 5-0 ante Colombia por las eliminatorias del ‘94. El jueves próximo veremos dos triunfos del ‘86 a través de Gente, y en el siguiente nos remontaremos a Inglaterra ‘66, con muchas revelaciones interesantes.





